Alex Bazzana: activista del color contra el desinterés social y la abulia político-cultural

La expresión busca dónde anidar. Al parecer usufructúa la humanidad de Alex Bazzana para intervenir un objeto, a veces cualquiera, en éxtasis de arbitrariedad; en otras ocasiones, algunos elegidos secretamente por él en silencio.

Su trabajo febril, la experimentación, la búsqueda, el juego, los entreactos, el tránsito frenético entre intención y el hallazgo inesperado, y la creación posiblemente azarosa y también provocada por causalidades del artista, otorgan a su ejercicio de sembrar expresión el carácter de un acto de gestación de vida porque genera un alma, un espíritu y una organicidad a los objetos hasta que comienzan a palpitar, a respirar y a sentipensar por sí mismos.

Los objetos en principio olvidados, moribundos o condenados al desperdicio succionan voraces el significado y sentido que la praxis de Alex Bazzana llena de sabiduría, de experiencias y de una plasticidad combinatoria encriptadas en una vida que se despliega a plenitud en libre albedrío cuando la otredad se vincula, se mira a sí misma, se inventa y se hace otra o se recrea total o parcialmente, a partir de ese ser vivo llamado arte.

Lo de Alex Bazzana es iluminar con el color a objetos extraviados, invisibles y marginados, los que devuelve como estrellas con luz propia en torno a cuyo movimiento otros trozos de vida se mueven en rotación y traslación haciendo historia, escribiendo signos hieráticos con tizas que, al dejarse descifrar por las expectativas y los deseos, inundan de semillas de futuro el horizonte.

Alex Bazzana crea constelaciones donde la miríada de estrellas llena de luz el porvenir, nos ofrece utopías con sus obras, donde jalar, empujar, sostener, ofrecer, ofrendar el presente, es hacer posible lo que en efecto se hace aquí, ahora y para siempre.

En ese manto de luces, el alumbramiento poco a poco, despacio, pero sin detener la marcha ni la contemplación, nos permite atisbar la relación de todo; la diferencia y la comunión de lo singular y los rasgos compartidos; la integralidad e integridad de intereses distintos, donde no cabe, si se espera y desea coexistir de aquí a donde lleguemos, ni el desinterés social ni la abulia político-cultural o ninguna clase de amputación de la solidaridad y la fraternidad.

Nuevos movimientos artísticos: práctica estética y activismo social. Mirada desde la ventana al basurero de la historia: atisbo de la semilla que germina en girasol entre los desperdicios.

Un intersticio incierto de postrimerías y umbrales precede un emergente orden geopolítico tripolar donde Estados Unidos comparte antagónicamente con China y Rusia los mercados y las fuentes de recursos del mundo en el último tramo de un capitalismo decadente.

La globalización como unipolaridad hegemónica, pensamiento único y “homogeneidad y uniformidad mono cultural” disfrazada de una pluralidad superficial, donde la apariencia de verdad es más importante que la propia verdad, tiene un futuro tan longevo como los “peces de hielo en un whisky on the rocks” -diría Joaquín Sabina.

Un ejemplo a manera de signo de los tiempos menos corrientes que sonantes: la opinión pública y la narrativa descontextualizada de toda política se consumen como si nada en la nada. En el desierto por exceso donde vivimos actualmente, lo simple auténtico o genuino anclado a la tensa relación factual-contrafáctico, es subversivo.

En el espacio microrregional, un arte en soterramiento asociado a prácticas culturales de vivencia y resistencia densas existencial y autogestivamente crean una mezcla a manera de metacollage dadaístico-ultraísta de simbolismo, impresionismo, hiperrealismo, abstraccionismo, infrarrealismo, surrealismo y figurativismo y, de un etcétera, quizás infinito y aun inédito, de ismos.

Este arte subterráneo en el espacio global está a flor de piel, literalmente, en los territorios sacroprofanos donde fluye la vida (la piel, la calle, las paredes, los callejones, los subtes, los besos, las miradas, las alcantarillas, las selvas desiertas, los campos agrícolas vaciados, las flores, las nubes y los insectos) y se puede apreciar, hasta cierto punto, como un neo-dadaísmo en el sentido de: “la apuesta por el absurdo, por el sinsentido y por la oposición a todo lo que remitiera a una perspectiva racionalista de la vida… más que un movimiento estético es una forma de vivir, y un cuestionamiento  constante a la existencia del arte y de la poesía, de modo que en el fondo incluso se cuestiona a sí mismo (el arte y el artista)”  i.

Alex Bazzana es más que un artista. Es un activista de la expresión, de la convocatoria, de la convergencia, de compartir pasiones (compasión) y de la vivencia y resistencia generosa con el propósito de llegar todos y a tiempo, y no solos ni primero  ii.

Alex Bazzana es un creador de obras, pero también de atmósferas y posibilidades probables para encontrar, hallarse, dar con lo que uno es e ir constelado, en fuerzas centrípetas y centrífugas, hacia uno mismo y los demás.

Los movimientos artísticos del porvenir: de lo local comunitario a la globalización de las singularidades.

En un momento determinado, en el auge pleno de la razón neoliberal,  iii fue nada más un eslogan: piensa globalmente y actúa localmente. Muchos activistas sociales, promotores culturales y artistas se adscribieron sin planteárselo así a realizar su quehacer mediante una estrecha relación y hasta compromiso con sus comunidades de origen o las localidades donde se asentaron.

La cultura y el arte sustentaba sus principios estéticos en el ejercicio libre de las capacidades expresivas sin perder vínculo con los problemas y necesidades de los microespacios rurales y/o urbanos, sin caer en la vociferación panfletaria.

Esas manifestaciones culturales y artísticas simbolizaron las luchas cotidianas de amplios sectores de población de resistencia a los afanes de extinguir todo lo que no fuera mercancía. El mercado imponía sus criterios de maximización de ganancias y de transferencia a precios de ganga de los bienes públicos. La precariedad llenó de desesperanza, violencia y autodestrucción los campos y ciudades. Una semilla de dignidad fue depositada por la gente en sus expresiones más genuinas de rebeldía y de protesta: negarse a sucumbir sin meter las manos dio origen a movimientos culturales y artísticos de subversión donde los cánones de la mercadotecnia se superaron a partir de criterios de sensibilidad, de emplazamiento a impulsar una transformación desde abajo y de plantear una alternativa sin ambages, recetas ni rutas fáciles, al inefable capitalismo salvaje.

Si recordamos algunos de los planteamientos del dadaísmo, encontraremos coincidencias de este movimiento con lo que ocurre estéticamente en la actualidad en las primeras dos décadas del siglo XXI, desde luego en un contexto distinto y con la iconoclastia situada en el corazón del activismo

socialiv:

• “Protesta contra las convenciones artísticas de la época a través del humor, la irreverencia, lo ilógico, el antiautoritarismo y lo insurrecto.

• Composición de obras de lectura abierta, con expresiones ilógicas, que a menudo privilegiaban la forma pura e inesperada en lugar del significado convencional o la construcción de imágenes previsibles.

• Valoración del acto creador (en un estado puro) no sólo de la obra creada; y la semántica libre atribuida por el público por encima de la codificada por el artista.

• Actitud irreverente que tiende a la duda, la rebeldía, la deconstrucción o el nihilismo, lo caótico; a la sustitución del individualismo por la autonomía social, del mercado por la democracia radical y la autocomplacencia por lo espontáneo y lo riesgoso.

• Oposición a las vanguardias en un sentido elitista y mitificado, y a toda sistematización rígida y castradora del arte; así como a toda idea hegemónica o pensamiento único de lo eterno y lo universal. Esto que hizo del dadaísmo un anti-arte, lo es ahora de los movimientos artísticos y socio-culturales intimistas e incluyentes más notables y significativos”.

Las calles dicen: el arte de la resurrección en la cultura de la insurrección… fire: pacific but revolution

La indisociable relación de esta estética emancipadora con un activismo social reivindicatorio convierte la praxis artística de navegantes como Alex Bazzana, en un vínculo inseparable de creación y vida donde se borra la distancia entre productores y consumidores de objetos de arte y, ambos, agentes y sobre todo humanos, coinciden ontológicamente en ser: “espiritualmente rebeldes, provocadores y rupturistas, tanto en lo social, lo político e incluso lo moral”v.

El llamado a un nuevo empeño civilizatorio es la interlocución del arte de creación de bienes comunitarios donde, como ocurre con Alex Bazzana, se funde la estética emancipatoria y el activismo social reivindicatorio.

Se trata no de una convocatoria desde la cúspide de la pirámide, sino de la interpelación e invitación a seguir haciendo ahora y desde nuestras trincheras, todas y todos, una organización social.

Diego Juárez Chávez. CDMX, enero de 2020.

i Raffino, Ma. (2019). Dadaísmo. En Concepto.de. Buenos Aires Argentina. Disponible en: https://concepto.de/dadaismo/. p. 1. Cfr. https://concepto.de/dadaismo/#ixzz69uRigTQK; y, https://concepto.de/dadaismo/#ixzz69uRZDGJq

ii Desde luego, algo de ese humanismo de León Felipe fluye por las arterias de Alex Bazzana. diferente, donde no se fomente la competencia, la productividad y la extinción de los más vulnerables, sino el bienestar compartido; la prosperidad de todos y de cada uno; el compromiso con quienes son más susceptibles a desaparecer debido a todo tipo de riesgos; y, la creación de una resiliencia sustentada en la conciliación de la libertad, la solidaridad social y la preservación del interés general.

iii Cfr. Contreras, Miguel A. (2015). Crítica a la razón neoliberal. Del neoliberalismo al posliberalismo. Madrid, España: Ed. Akal/Inter Pares. 212 pp.

iv Los rasgos citados se tomaron directamente de Uriarte, J. M. Dadaísmo. Para: Caracteristicas.co. Última edición: 9 de diciembre de 2019. p. 2. Disponible en: https://www.caracteristicas.co/dadaismo/.

v Uriarte, J. M. (Op. Cit.). p. 3.

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