Fuegos de artificio en Chetumal: informe del gobernador y conflicto entre diputados

Carlos Barrachina Lisón

La vida política tiene momentos que bien merecen un final de cohetes coloridos sobre la Bahía de Chetumal. Los políticos tienen sus momentos, y montan sus dramas y shows de tanto en tanto. No tenemos por qué sufrir con ellos. Es válido tomárselo con sentido del humor.

Dijo Carlos Joaquín González en su informe, que el cambio era real, que todo iba bien, que hay libertad de expresión y que se había acabado el cinismo en la vida política quintanarroense: eso forma parte del chiste.

Fue criticado que se escogiera la “megaescultura”, conocida popularmente como el “monumento de la corrupción” como lugar para presentar su informe gubernamental. Sinceramente, los que durante años hemos hecho deporte por la Bahía (en mi caso caminar), celebramos que finalmente se inaugure esa obra y que además se dedique a un fin “útil”, como es el convertirse en la sede de la Secretaría de Turismo.

Hubo muchos que ese día miraban al cielo, y esperaban que “Chaac” descargara toda su furia sobre los presentes, pero no se les cumplió (recuerden que la Expofer todavía no se ha inaugurado), y no se mojó la pólvora reservada para ponerle la guinda al año político. Cómo en todos los informes priistas tradicionales, los que cuentan se juntaron con sus mejores galas, y sonrieron; los que son y los que fueron y no quieren dejar de ser.

No es para nada cínico que Félix González Canto o Remberto Estrada pisaran la Bahía de Chetumal, y con ellos otros muchos políticos que forman parte de la historia y del presente de la vida política estatal. Les confieso que me hubiera gustado chismear con Félix en ese momento, y reírnos juntos sobre como paralizó la obra de la “megaescultura”, que se oxidó durante años por su decisión; o sobre el glorioso momento en el que rompió el pendón de Carlos Joaquín en la campaña electoral del 2016. Sinceramente, es un personaje que debe estar presente en todas estas celebraciones y mucho más en este espacio que tanto tiene que ver con él.

Un informe no debe ser confundido con una rendición de cuentas, es un festejo y una simulación, y es por ello que todos los que son, llegan con sus mejores galas y sonríen como parte del circo del que forman parte.

Faltó Marybel Villegas Canché, que viajó a Chetumal a montar su desmadre en el Congreso estatal, pero que luego, como en las novelas, se escondió a llorar amargamente y se hizo la ultrajada ante la llegada de la madrasta Yeidckol Polevnsky, que la puso en su sitio y juntó a todos los líderes guinda para reconvenirla y señalarle que MORENA no era lo mismo a lo que ella estaba acostumbrada en su pasado.

Villegas, Gasca y Villatoro, todos sobrevivientes de la XIV Legislatura, y entregados antaño a González Canto, a Beto Borge, y a la corrupción; hoy quieren manejar el Congreso de Quintana Roo, la sucesión gubernamental y lo que se ofrezca. La vida es cambio, y hay que saberse subir al tren del éxito. Les llegó la purificación, pero se han equivocado; deben volver al redil y reconducir la cabra interna que les lleva al monte, para que sus pecados presentes, pasados y futuros les sigan siendo perdonados de nueva cuenta.

Algunos comentaristas han señalado que la visibilización de las luchas de poder de MORENA en Quintana Roo, restaron protagonismo al gobernador. Sin embargo, no creo que le importe, porque según afirmó, la política debe conducirse con mesura y humildad, y a él lo único que le importa es servir a los ciudadanos, y apoyarse en ellos para ser un buen gobernante. Además, el relajo histérico de la Villegas, lo único que logró es mostrar a las claras que efectivamente “todos son iguales” (eso le debe dar un respiro moral al gobernador).

Otro de los episodios épicos de estos días, fue escuchar a Villatoro, el líder petista que votó a favor de la ley de impunidad de Roberto Borge, y que fue electo en esta ocasión en un distrito en el únicamente votaron un 11 por ciento de ciudadanos; reconviniendo a los diputados morenistas que no estaban de acuerdo con Gasca y Villegas, acusándolos de “corruptos” y señalándoles que no debían perder su prestigio y su carrera política por un cañonazo económico. No es que el burro “hable de orejas”, es sencillamente grotesco el cinismo del petista.

En el caos que se convirtió la instalación del Poder Legislativo, se produjo el primer “pacto” de la legislatura. Para poder recibir el informe del gobernador, finalmente todos los diputados de MORENA, el PVEM y el PT se juntaron en el Congreso, y casualmente llegó por allá a título personal la panista Atenea Ricalde, como caperucita ansiosa de ser devorada por el lobo.

Gracias a esa iniciativa “responsable”, “personal” y sobre todo “espontánea” se pudo constituir el legislativo y se recibió el informe del gobernador. Éste sabía que el día iba a concluir con sus fuegos de artificio sobre la Bahía y con una reunión de los morenistas en el Fiesta Inn para lograrse la estabilidad y asegurar la gobernabilidad del estado.

La política en México, está atravesando un momento muy confuso. Sin oposición partidaria, las diferentes corrientes morenistas empiezan a jalar cada una según su interés; y ciertamente es muy difícil pronosticar hacia donde se van a decantar las cosas en los próximos años. Independientemente si la administración federal logra o no consolidar su Cuarta Transformación, en la transformación positiva que desea y necesita el país y que requiere la democracia, es muy incierto el panorama político y no toca más que esperar y ver hacia donde se mueven las cosas.

La Villegas quiere ser gobernadora de Quintana Roo, y se cree peso pesado nacional de la coalición gubernamental, pero es muy arriesgado saber si esa percepción que ella tiene de sí misma es acertada, o falsa. Interpreto que todo forma parte de un juego político mayor en el que personajes como Martí Batres, Ricardo Monreal, la propia Yeidckol y otras figuras del morenismo se van a disputar el poder detrás del trono indiscutido que pertenece al presidente Andrés Manuel López Obrador.

La presentación del Tercer Informe de Gobierno de Carlos Joaquín González es irrelevante. Como muestran las fotografías del evento, a Juan de la Luz Enríquez Kanfachi, el súper asesor del gobernador, le importaba más ver el espectáculo, que lo que decía el gobernador, y sucedía o dejaba de suceder en las primeras filas de invitados. El verdadero gobernador de Quintana Roo, líder del grupo Tepito, y responsable de la pésima conducción gubernamental, se encontraba de pie en las últimas filas viendo el espectáculo, y despreciando a toda la clase política, que como en los cuentos antiguos de cortes reales y monarcas desnudos, se habían apersonado al besamanos con sus mejores galas, pelucas y colores.

Entre las filas joaquinistas reina el desconcierto. Todavía quedan tres años de gestión, pero es generalizada la sensación de mal gobierno, y la inevitabilidad de la alternancia política. Todavía algunos se consuelan con la idea de que el gobernador tiene buenas intenciones, pero que está “secuestrado” por sus pactos y por Juan de la Luz y su grupo.

Esperan que a partir de este tercer año las cosas cambien. Algunos lo piensan de buena fe, otros requieren fortalecerse este pensamiento por la necesidad de contar con un ingreso. La economía de Quintana Roo no está tan bien como señala el gobierno, y no están las cosas como para perder un trabajo estable. La verdad es que el gobernador es responsable de la gestión de este gobierno. Lo cierto es que la humildad no es su principal característica, que no ha sido un buen líder, y que el barco se está hundiendo.

Es indudable que, aunque no sea el líder, es la cara amable del grupo Tepito, y que no tiene ningún problema con Juan de la Luz, ni va a prescindir voluntariamente de sus servicios. Lo que se evidencia, y no hacía falta un informe para verlo, es que no llegó ningún cambio a Quintana Roo, con la gestión que inició en el 2016. Lo más preocupante, es que visto lo visto; tanto a nivel local, como en el nuevo legislativo del estado, como en los representantes quintanarroenses en el Senado o en la Cámara de Diputados, tampoco los liderazgos de MORENA aseguran que una transformación real de la política, sea el número que sea el que le queramos atribuir, se llegue a consolidar algún día en Quintana Roo.

Si no cambian mucho las cosas, dentro de tres años tendremos más de lo mismo. En un par de años la coalición que el viernes 6 de agosto aplaudía a Carlos Joaquín, se desmembrará y saldrá corriendo en busca de espacios en la próxima administración (ojalá existiera una verdadera carrera profesional al servicio del estado, y no dependiera de los colores partidarios el servicio en la administración pública).

En el 2022 Marybel Villegas, José Luis Pech, Luis Alegre, Mara Lezama, Chucho Pool, Mildred Ávila, uno de los hermanos Beristain y alguno que otro más se habrán desangrado en su lucha por el poder. Y uno de ellos, es muy aventurado decir quién, se sentará en el trono de Carlos Joaquín González y un año después presentará, como siempre, su primer informe de gobierno. Si no cambian las cosas, los de siempre se pondrán sus mejores ropajes y se acercarán a grillar un rato al calor de la generosidad del gobernador o gobernadora que dirija el Ejecutivo estatal. Quién sabe si tendremos fuegos de artificio, y dramas en el legislativo, pero las cosas no serán muy diferentes.

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