Sectas en México; sus peligros y diferencias entre religiones

Columna LACINEMÁGORA.         Carlos Ramírez.

El terror de una fe ciega y la claustrofobia mental que se vive en una secta es de lo que se sirve el cineasta Ari Aster para su película Midsommar

Como la fe de los devotos estaba completamente manipulada, los seguidores del pastor Jim Jones no dudaron en tomar el vaso de cianuro, mezclado con Kool-Aid, que su líder les había proporcionado.

La comuna deseaba partir masivamente a su morada, que tanto esperaban, en el cielo. La secta del Templo del Pueblo, Jonestown, acabó con su vida el 18 de noviembre de 1978 con más de 900 suicidios, incluyendo a recién nacidos, quienes ingirieron la sustancia por sus padres y a petición de Jones.

El terror de una fe ciega, de los feligreses extremistas, del líder infalible y la claustrofobia mental que se vive al interior de una secta es de lo que el cineasta Ari Aster (Hereditiry, 2018) se sirve para dirigir una de las películas más sobresalientes de este año con Midsommar: el terror no espera la noche, que se estrena hoy en las carteleras mexicanas.

De hecho, Midsommar se encuentra en un nivel muy superior de terror no sólo por sus bondades cinematográficas, sino, en especial, por su temática que se desprende de lo genérico que suelen ser las cintas de este género hoy en día.

Sin necesidad de utilizar a diablos, demonios, fantasmas, vampiros o monstruos, el largometraje de Aster busca ser una experiencia sensorial en la que los espectadores se coloquen en el lugar de los turistas universitarios sumergiéndose en un viaje psicodélico de locura dentro de una secta.

¿Sectas o religiones?

El término secta tiene, evidentemente, una connotación negativa por la carga histórica e ideológica que hay detrás de ellas. Incluso, no existe ninguna Asociación Religiosa, registrada ante la Secretaría de Gobernación (Segob), que actualmente se reconozca como una secta.

Datos de la Segob informan que, actualmente, nueve mil 466 asociaciones religiosas se encuentran registradas ante la Dirección General de Asuntos Religiosos. Una cifra menor en comparación con las numerosas organizaciones que operan en la clandestinidad y sin registro.

De acuerdo con Michel Iván Morones, politólogo por la Universidad Autónoma de Coahuila y estudiante de Teología en el Seminario Teológico Bautista Mexicano, en Latinoamérica las sectas son vistas como peligro, mientras que en Oriente es diferente.

“Nuestra cultura latina, aparte de sincretista, es muy mística. Cuando hablamos de secta pensamos que es todo aquel grupo oculto o misterioso o de brujería. Pero en oriente, la secta está conformada por aquellas personas que se separan para seguir a alguien, sequor, seguidores de una enseñanza de alguien”, explica en entrevista para Reporte Índigo.

Para Morones, las primeras sectas de las que se tiene registro en nuestro país comenzaron cuando la Iglesia Católica era la religión oficial del Estado. Todas aquellas creencias que eran distintas se consideraban sectas porque eran diferentes. Ya que la raíz latina, sectarium o sectare, tiende a aludir a la idea de separarse. Durante algún momento de la Inquisición europea, la ciencia y sus adeptos también fueron considerados como un grupo al cual perseguir.

No obstante, existen características que diferencian a una secta de una religión o Asociación Religiosa, término consolidado durante las reformas en la relación Iglesia-Estado durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

La primera característica de una secta es que buscan el secretismo, mantener todo oculto. Su estructura, su forma de trabajo, su financiamiento. Además, las sectas ejercen cierta manipulación sobre sus miembros: normas de conducta, qué sí y qué no pueden hacer, todo bajo la dirección de un líder.       – Michel Iván Morones. Seminarista.

Asimismo, para el estudiante de Teología en idiomas, las sectas suelen separar a sus integrantes de su forma de vida común. Esto puede llegar a aislarlos hasta de sus propias familias y, en algunos casos como Jonestown, han formado comunas. Lo que puede llegar a convertirse en un peligro para cualquier gobierno por la influencia que se tiene en determinado grupo social.

Entre los ejemplos de sectas, en México, se encuentra la Luz del Mundo, que mantiene un estricto secretismo en su organización. Otras son los mormones y los Testigos de Jehová, ya que su estructura depende de líderes ubicados en otros países, argumenta Morones.

De hecho, los Testigos de Jehová se rigen bajo un grupo de hombres llamado cuerpo gobernante y liderado por Robert Ciranko, en Estados Unidos. De acuerdo con el sitio web de esta religión registrada ante la Segob, entre las funciones de este gobierno se encuentran dirigir la obra que realizan los testigos de Jehová por todo el mundo y supervisar los bienes de sus integrantes.

“Otra cosa muy importante es que las sectas tienen ex miembros que identifican el control de sus líderes y los denuncian. Son extremistas y muchas veces tienden a la represalia contra los miembros que salen”, concluye Morones al advertir sobre el peligro de las sectas.

El peligro

La detención del líder de la Luz del Mundo, Naasón Joaquín García, el 4 de junio de 2019, por presuntos abusos sexuales y pornografía infantil, evidenció el secretismo que organizaciones como esa mantienen en pleno siglo XXI. También recordó varios episodios similares en la historia relacionados a crímenes de corte sexual dentro de las sectas.

Naasón Joaquín García continúa siendo investigado por las autoridades estadounidenses y su caso salió a la luz a tan sólo unas semanas después que otro líder sectario fuese detenido, Keith Rainiere, líder de NXIVM, una secta en la que las mujeres eran esclavas sexuales. Las integrantes de esta organización también eran marcadas en la piel, y entre los ayudantes de Raniere se encontraba la actriz Allison Mack.

Luis Navarro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lamenta que, a pesar de tantos momentos históricos en los que las sectas han hecho daño a la sociedad, las autoridades no hayan tomado cartas en el asunto en cuestión de regulaciones.

“El Estado respeta la libertad de culto de las personas, pero la Historia nos ha demostrado cuán peligrosas han sido las sectas y la forma en cómo pueden manipular a las personas para realizar acciones que incluso afectan a la sociedad”, señala Navarro y recuerda uno de los sucesos más impactantes en la historia de los Estados Unidos como lo fue la secta de los Manson.

A finales de los años 60, la secta de la Familia Manson, liderada por Charles Manson, cometió cinco asesinatos, entre ellos el de la actriz Sharon Tate; pero las autoridades de Estados Unidos analizan que esta organización pudo consumar otras muertes.

Pese a ello, según el historiador de la UNAM, los asesinatos de esta secta son hasta cuestión de morbo en la cultura popular, lo que deja a un lado los peligros que conllevan este tipo de organizaciones y el alcance que pueden llegar a tener.

“La Familia Manson ha sido explotada por el morbo de la cultura popular. Por ejemplo, en la más reciente película de Quentin Tarantino las personas esperaban ver estos asesinatos en pantalla, pero no fue así y decepcionó a muchos”, aclara el historiador.

“La Historia nos demuestra que las sectas siempre van a existir. Todos necesitamos algo en qué creer y hay personas que por depositar su fe entera en una causa se vuelven extremistas y siguen a un líder en especial. Dejan a un lado su identidad y adoptan la del líder, con lo que renuncian hasta a su propia vida”, concluye Navarro.     www.reporteindigo.com

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