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viernes 30 enero 2026

Entre la desconfianza y la urgencia: el reto de atender a personas en situación de calle en Benito Juárez

  • El director del IMCA, Alberto Ortuño Báez, explicó que “Es un trabajo constante de acercamiento y convencimiento. Muchas personas no confían desde el inicio, o no se sienten listas para dar ese paso”

Rafael Pascual

Salir de la calle no siempre es una decisión inmediata. En el municipio de Benito Juárez, uno de los principales desafíos para atender a personas en situación de calle no es la falta de programas, sino la resistencia inicial a aceptarlos. A pesar de los recorridos permanentes y de una oferta de apoyo integral, muchas personas rechazan, una y otra vez, la ayuda institucional.

De acuerdo con el Instituto Municipal Contra las Adicciones (IMCA), en cada jornada de intervención se localiza en promedio a entre cinco y seis personas que viven en la vía pública. A todas se les ofrece canalización a albergues, clínicas de rehabilitación, comunidades terapéuticas y, en algunos casos, opciones de vinculación laboral. Sin embargo, solo una parte decide iniciar un proceso formal de atención.

El director del IMCA, Alberto Ortuño Báez, explicó que la negativa no suele ser definitiva. En la mayoría de los casos, el acercamiento debe repetirse varias veces antes de que una persona esté dispuesta a aceptar acompañamiento.

“Es un trabajo constante de acercamiento y convencimiento. Muchas personas no confían desde el inicio, o no se sienten listas para dar ese paso”, señaló el funcionario.

La situación se vuelve especialmente crítica durante los periodos de frentes fríos. En esas temporadas, el personal del IMCA mantiene operativos las 24 horas para reducir riesgos asociados a las bajas temperaturas, como enfermedades respiratorias, deshidratación y otros padecimientos que afectan con mayor severidad a quienes permanecen en la calle.

Ortuño Báez advirtió que rechazar el apoyo tiene consecuencias directas: deterioro progresivo de la salud, agravamiento de las adicciones, mayor exposición a la violencia, conflictos legales y una reinserción social cada vez más compleja. A ello se suma la presión que esta problemática genera sobre los servicios públicos y de emergencia.

Actualmente, el IMCA trabaja de manera coordinada con asociaciones civiles, albergues y centros de rehabilitación, varios de los cuales ofrecen becas parciales o totales para personas que no cuentan con redes familiares ni recursos económicos. No obstante, los espacios y apoyos disponibles son limitados, por lo que cada rechazo representa una oportunidad perdida de intervención temprana.

Finalmente, el titular del instituto hizo un llamado tanto a la ciudadanía como a las familias para colaborar en la sensibilización y el acompañamiento. Subrayó que la atención del IMCA va más allá del internamiento, ya que incluye orientación, atención básica, seguimiento social y, cuando es posible, alternativas de empleo como parte de un proceso gradual para que las personas puedan salir de la calle de manera sostenible.

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