- El arquitecto Francisco Romero, integrante del Colegio de Arquitectos y del comité ciudadano de patrimonio, señaló que “El patrimonio no solo es memoria, también es un punto de encuentro. Si desaparece, la ciudad pierde parte de su historia y su sentido de pertenencia”
Rafael Pascual
En una ciudad marcada por la prisa, el turismo y la movilidad constante, el patrimonio cultural de Cancún se diluye ante los ojos de sus habitantes. Más allá del desgaste físico, especialistas advierten que el verdadero problema es su creciente invisibilidad en la vida cotidiana.

El arquitecto Francisco Romero, integrante del Colegio de Arquitectos y del comité ciudadano de patrimonio, señaló que las recientes intervenciones en espacios como el Monumento a la Historia y la torre del aeropuerto resultan insuficientes frente a un problema estructural más profundo: la falta de integración urbana de estos elementos.
Explicó que muchos monumentos han quedado confinados a glorietas o zonas de tránsito rápido, lo que impide su apropiación social. “La gente circula a alta velocidad, no hay forma de detenerse, observar o convivir con estos espacios; se han vuelto prácticamente invisibles”, advirtió.

Romero subrayó que Cancún no solo enfrenta rezagos en mantenimiento, sino también una desconexión entre el diseño urbano y el patrimonio cultural, lo que limita su función como espacio de identidad y encuentro ciudadano.
Recordó que desde 2016 existe un inventario oficial con 38 sitios considerados patrimonio cultural, lo que implica su resguardo. Sin embargo, criticó la ausencia de una estrategia integral que articule su conservación con el desarrollo urbano y la vida pública.
“El problema no es solo el deterioro, sino que han dejado de ser relevantes para la gente. Sin interacción social, el patrimonio pierde sentido”, enfatizó.
Asimismo, cuestionó que muchas intervenciones respondan más a criterios estéticos orientados al turismo que a una visión de identidad local. Señaló que las acciones suelen concentrarse en periodos específicos o eventos, sin una política sostenida de preservación.
A esta situación se suma el deterioro visible en diversas piezas ubicadas en el primer cuadro de la ciudad, como la escultura “Ensoñación Caribeña” y el monumento a Benito Juárez, que presentan grafiti, desgaste y falta de atención prolongada.
También advirtió la inexistencia de protocolos claros para la restauración de estos espacios tras manifestaciones o intervenciones sociales, lo que prolonga su abandono.
Romero alertó que, de mantenerse esta tendencia, Cancún podría enfrentar una pérdida progresiva de identidad urbana, especialmente por tratarse de una ciudad joven.
“El patrimonio no solo es memoria, también es un punto de encuentro. Si desaparece, la ciudad pierde parte de su historia y su sentido de pertenencia”, concluyó.





