Cancún

Hace 21 años el huracán Wilma dejó a Cancún sin luz, sin agua y en medio del caos

  • Pero nos enseñó que más allá de los daños físicos la emergencia puede prolongarse durante días y afectar no solo la infraestructura, sino también el abastecimiento, la seguridad y la convivencia social

Rafael Pascual

El huracán no solo devastó hoteles, playas y viviendas; también desató una emergencia social con desabasto, noches iluminadas con fogatas, saqueos y temor entre la población. Benito Juárez mantiene 82 refugios temporales ante el cierre de la temporada ciclónica 2026.

Calles a oscuras, falta de agua potable, alimentos escasos, fogatas para iluminar las noches y saqueos en establecimientos comerciales forman parte de la memoria que dejó el huracán Wilma en Cancún, donde hace 21 años la fuerza de la naturaleza dio paso a una prolongada emergencia que puso a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades y la resistencia de miles de familias.

El 21 de octubre de 2005, Wilma golpeó el norte de Quintana Roo después de alcanzar la categoría 5 en la escala Saffir-Simpson en el mar Caribe. Su lento desplazamiento mantuvo a la región bajo condiciones extremas durante aproximadamente 63 horas, con vientos de hasta 295 kilómetros por hora y severas afectaciones en Cancún, Cozumel, Playa del Carmen e Isla Mujeres.

La destrucción de infraestructura hotelera, viviendas, vialidades y playas fue apenas una parte de la crisis. Tras el paso del ciclón, la interrupción del suministro eléctrico y de agua potable complicó las condiciones de vida de la población. Sin servicios básicos y con dificultades para conseguir productos de primera necesidad, numerosas familias tuvieron que improvisar formas de alumbrarse y preparar alimentos, mientras esperaban la recuperación de la ciudad.

En las noches, las fogatas se convirtieron en una alternativa para iluminar algunos espacios, en medio de colonias sumidas en la oscuridad. La incertidumbre por la duración de la emergencia, el desabasto y la dificultad para acceder a suministros alimentaron la tensión social.

A ese escenario se sumaron los saqueos a comercios, uno de los episodios más recordados de aquellos días. La situación reflejó el deterioro de las condiciones de seguridad y la desesperación que se vivía en distintos puntos de la ciudad, mientras la población enfrentaba pérdidas materiales y desconocía cuándo se restablecerían los servicios.

Wilma dejó así una lección que trascendió los daños físicos: después de un huracán, la emergencia puede prolongarse durante días y afectar no solo la infraestructura, sino también el abastecimiento, la seguridad y la convivencia social.

A 21 años de aquel episodio, el Ayuntamiento de Benito Juárez recordó que la temporada de huracanes de 2026 aún no concluye y que Cancún cuenta con 82 refugios temporales, con capacidad aproximada para 19 mil 20 personas, para atender a habitantes de zonas vulnerables que requieran ser evacuados.

Los inmuebles han sido revisados para verificar sus condiciones estructurales, instalaciones eléctricas, señalización y equipos de emergencia. La red incluye un espacio para familias que necesiten resguardarse con sus animales de compañía, ubicado en la Supermanzana 247, en Villas Otoch.

Para el sector turístico se cuenta, además, con 312 refugios vinculados con la actividad hotelera y 40 auto refugios en los alrededores de Cancún.

Protección Civil llamó a la población a mantener libres de basura las alcantarillas, asegurar objetos en patios y azoteas e identificar con anticipación los sitios de resguardo.

La conmemoración de Wilma llega con un mensaje vigente: la prevención no debe limitarse a resistir el impacto de un ciclón, sino contemplar también las consecuencias sociales que puede dejar cuando una ciudad se queda sin servicios básicos.

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