- En medio de operativos, clausuras y revisión de instrumentos de planeación, la expansión urbana no se detiene. Y cada nuevo proyecto abre nuevamente la discusión sobre el modelo de ciudad que se está construyendo
Rafael Pascual
Mientras el municipio de Benito Juárez mantiene operativos contra fraccionamientos irregulares y se encuentra en proceso de revisión del Programa de Desarrollo Urbano (PDU), nuevos proyectos inmobiliarios continúan avanzando en Cancún, evidenciando el crecimiento acelerado —y cada vez más intenso— de la ciudad.

Uno de ellos es el proyecto Grand Arbolada, promovido ante la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) mediante la presentación de su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), en un contexto donde desarrolladores han optado por regularizar sus iniciativas ante instancias federales, luego de que el gobierno municipal clausurara diversos desarrollos detectados en proceso de comercialización sin infraestructura básica ni permisos completos.
El proyecto se ubica sobre la avenida Huayacán, en la Supermanzana 347 de Cancún, y contempla la lotificación y urbanización de un predio con una superficie total de 491,439.69 metros cuadrados (49.14 hectáreas).

De acuerdo con la documentación presentada, se prevé la remoción de vegetación y el cambio de uso de suelo en terrenos forestales sobre 39.23 hectáreas para dar paso a un desarrollo habitacional que conforme al Programa de Desarrollo Urbano 2022, permitiría una densidad máxima de 80 viviendas por hectárea, equivalente a hasta 3,931 unidades.
El planteamiento incluye lotes unifamiliares con servicios, predios comerciales de uso mixto y lotes condominales destinados a edificios departamentales. Se proyecta infraestructura vial con accesos de 12 metros de ancho, caseta de control, circuito interior y áreas verdes distribuidas en el fraccionamiento. Los lotes unifamiliares tendrían frentes mínimos de 7.30 metros y superficies desde 116.80 metros cuadrados.
Crecimiento acelerado en zona ambientalmente sensible
Sin embargo, el polígono se ubica en una zona caracterizada por la presencia de cenotes y sistemas kársticos, una condición natural que históricamente ha representado un desafío para el desarrollo urbano debido a la fragilidad del subsuelo y la vulnerabilidad del acuífero.
Aunque el promovente señala que el predio no se encuentra dentro de un Área Natural Protegida ni en zona arqueológica, y que cumple con el uso de suelo habitacional establecido en el ordenamiento vigente, no se realizaron análisis comparativos con otros sitios alternativos para la localización del proyecto.
La expansión habitacional en esta zona reaviva el debate sobre la planeación urbana en Cancún, particularmente en momentos en que el municipio revisa su PDU y mantiene acciones para frenar desarrollos irregulares que han proliferado en terrenos sin agua potable, drenaje ni vialidades consolidadas.
Entre la regularización y la presión urbana
La presentación de la MIA ante la autoridad federal muestra una ruta distinta frente a los fraccionamientos clandestinos: avanzar por la vía formal. No obstante, el volumen proyectado —casi cuatro mil viviendas en un solo polígono— evidencia la presión inmobiliaria que enfrenta la ciudad.
Cancún continúa creciendo a un ritmo acelerado, impulsado por la demanda habitacional y la dinámica económica del destino turístico. La pregunta de fondo es si ese crecimiento podrá equilibrarse con la capacidad de infraestructura, la protección del acuífero y la preservación de los ecosistemas subterráneos que caracterizan a la región.
En medio de operativos, clausuras y revisión de instrumentos de planeación, la expansión urbana no se detiene. Y cada nuevo proyecto abre nuevamente la discusión sobre el modelo de ciudad que se está construyendo.




