¿Quieren ocupar la silla de Carlos Joaquín?

por Redaccion
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Novedades/ Javier Chávez Ataxca

Violencia fuera de control, más de cuatro mil muertos por el Covid-19 con un sistema de salud deficiente, deuda que estrangula las finanzas, en fin, graves problemas multiplicados en Quintana Roo, donde por más que se gasta en seguridad pública predomina el delito en todas sus facetas, con asesinatos y feminicidios de sur a norte.

No es la mejor carta de presentación de Quintana Roo, pero hay un racimo de aspirantes a la gubernatura en el poderoso Morena, PAN, PRD y hasta en el triturado PRI que dormita en el fondo de la bahía de Chetumal, inmerso en la nostalgia de su prolongado esplendor cortado de tajo en 2016 por Carlos Joaquín González, porque “para que la cuña apriete…”

En Morena hay un pelotón de mujeres y hombres muy activos, como la alcaldesa cancunense Mara Lezama Espinosa –siempre en primer lugar–, Marybel Villegas Canché, José Luis Pech Várguez – senadores–, Rafael Marín Mollinedo, Luis Alegre Salazar y el alcalde de Tulum, Marciano Dzul Caamal –todos de Morena–, incluida la senadora panista chetumaleña Mayuli Martínez Simón y priistas que se asoman al concurso, como la ex alcaldesa capitalina Cora Amalia Castilla Madrid y Laura Fernández Piña, del Verde Ecologista.

Hasta el mal actor Roberto Palazuelos –el Diamante Negro de Tulum– alzó la mano por Movimiento Ciudadano, el partido revelación en Jalisco y Nuevo León que hizo sudar frío a la “morena” Layda Sansores en el choque por Campeche.

En su esquina hace su luchita Adrián Chicato para ser candidato independiente. Carlos Joaquín no se ha involucrado para comandar la defensa de la privilegiada posición con la coalición que le prestó sus colores para derrotar al priista Mauricio Góngora Escalante: PAN y PRD.

En este partido del apagado “sol azteca” se asoman Gerardo Mora Vallejo –titular de la disminuida Comisión de Agua Potable y Alcantarillado– y Julián Ricalde Magaña. Y hasta ronda en el PRD el nombre de Marybel Villegas, para quien cambiar de partido es un pasatiempo.

Pero la gubernatura es un trono más complicado por los problemas acentuados desde que el chetumaleño Joaquín Hendricks Díaz abandonó el poder para entregarlo en 2005 al cozumeleño Félix González Canto, quien designó heredero a Roberto Borge Angulo, preso en el Ceferepsi de Morelos.

El rezago social ha aumentado y la delincuencia azota en toda la epidermis por una mala estrategia para combatir el crimen, con una plaga de corrupción institucional que llegó para quedarse.

Además el margen de maniobra del gobierno del estado ha disminuido, hasta ser camisa de fuerza. Pero el pelotón de aspirantes anda en disfrazada campaña con la mira en la Casa de Gobierno de la avenida de los Insurgentes.

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