Cancún

Violencia y extorsión apagan el sueño de una abuelita panadera en Cancún

Rafael Pascual

Lo lograron. Le arrebataron su paz, le borraron la sonrisa y la obligaron a rendirse. Con el corazón destrozado, doña Mary, una abuelita chiapaneca que con esfuerzo levantó su panadería artesanal en Cancún, ha tenido que cerrar su negocio.

La delincuencia organizada ha puesto sus garras sobre su fuente de sustento, exigiéndole el infame “cobro de piso”.

Pero los ingresos de su pequeño comercio no alcanzan para pagar la extorsión. ¿Cómo podría?

Su panadería no era un lujo ni una mina de oro, sino el resultado de años de sacrificio y trabajo honesto.

Hoy, su horno se apaga. No porque ella quiera, sino porque la violencia le arrebató su derecho a seguir adelante. ¿Hasta cuándo seguirán destruyendo los sueños de quienes solo quieren trabajar dignamente?

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