- La Conanp pidió al sector náutico medir las afectaciones de la propuesta ciudadana; dos marinas tendrían impacto directo, mientras el exceso de velocidad y el oleaje mantienen bajo presión la franja costera
Rafael Pascual
El deterioro de la franja costera y el incumplimiento de los límites de velocidad en la navegación han puesto bajo revisión el uso del canal Sigfrido, en la zona hotelera de Cancún, donde una iniciativa ciudadana busca impedir el paso de embarcaciones de motor para reducir el impacto sobre el entorno natural.

La propuesta, que se encuentra en fase de socialización y recaba firmas a través de redes sociales, ya llegó a las autoridades ambientales. Como parte de la evaluación, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) solicitó al sector náutico cuantificar las embarcaciones y marinas que resultarían afectadas por un eventual cierre de este paso de aproximadamente un kilómetro, que conecta la laguna con el mar Caribe.
Los primeros resultados referidos por el sector apuntan a que únicamente dos marinas tendrían afectaciones directas y que el tiempo adicional de navegación sería poco significativo. El impacto más importante recaería en propietarios particulares, quienes tendrían que modificar sus recorridos para llegar a sus destinos.
Francisco Fernández, presidente del sector náutico, afirmó que existe disposición para colaborar con las autoridades si se determina cerrar el canal, aunque precisó que la postura de la asociación también dependerá de las opiniones de sus socios y de las consecuencias que la medida tenga para sus operaciones.
Más allá de las rutas de navegación, el problema que alimenta la discusión es el comportamiento de algunos usuarios. Fernández señaló que ciertas motos acuáticas circulan a velocidades de entre 20 y 25 nudos, mientras que algunas embarcaciones alcanzan entre 10 y 12 nudos, frente al límite de cuatro nudos referido para ese tramo.
El exceso de velocidad genera oleaje que golpea de manera constante las orillas y agrava el desgaste de la franja costera. De acuerdo con el dirigente, ya se observan afectaciones en instalaciones relacionadas con la Conanp y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), además de algunos sectores del Jardín del Arte.
UN ESPACIO EN DISPUTA
El posible cierre también ha puesto sobre la mesa otro uso para el canal y sus alrededores: recuperar un espacio de recreación en la laguna, en una zona hotelera donde las opciones de acceso público a las playas son limitadas.
Para algunos integrantes del sector náutico la restricción podría abrir una alternativa para que residentes y visitantes naden y convivan con la naturaleza en un entorno protegido del oleaje del mar abierto. Sin embargo, cualquier aprovechamiento recreativo tendría que sujetarse a las condiciones de seguridad y a las disposiciones ambientales que establezcan las autoridades.
La decisión todavía no está tomada. Mientras la iniciativa ciudadana avanza en su proceso de socialización, la encuesta permitirá dimensionar las posibles repercusiones económicas y operativas de la medida. Corresponderá a las autoridades determinar si procede el cierre y bajo qué condiciones.
El debate ya no se limita a cuánto tendrían que rodear las embarcaciones particulares, sino cómo evitar que la navegación que no respeta las reglas continúe deteriorando un espacio natural de Cancún.
