- Perla Flores Navarro, presidenta de la Canirac Cancún, señaló que este sector apenas sobrevive entre incrementos en agua potable, electricidad, impuestos e insumos que han reducido las utilidades de los establecimientos
Rafael Pascual
El sector restaurantero de Cancún enfrenta uno de sus años más complejos, con incrementos en agua potable, electricidad, impuestos e insumos que han reducido las utilidades de los establecimientos y obligado a muchos empresarios a operar prácticamente en números rojos para mantener abiertas sus puertas y conservar los empleos.

Así lo señaló Perla Flores Navarro, presidenta de la Canirac Cancún, quien reconoció que aunque los costos han aumentado de manera considerable, los restaurantes han trasladado sólo una parte de esos incrementos a sus precios, debido al riesgo de perder clientes.
“Este año debimos haber subido más los precios”, admitió, al explicar que la inflación y el aumento tanto de impuestos locales como federales han golpeado directamente las ganancias.
La dirigente restaurantera señaló que para el sector resulta preferible mantener algunas mesas ocupadas que no tener clientes, aun cuando eso implique reducir el margen de utilidad. La prioridad, dijo, ha sido conservar las fuentes de empleo y mantener en operación los establecimientos.
A este escenario se suman los apagones, que representan una doble afectación: por un lado, la pérdida inmediata de clientes y ventas, y por otro, el riesgo de que se dañen equipos e insumos que requieren refrigeración.
Flores Navarro explicó que cuando ocurre una interrupción eléctrica, los comensales suelen pedir la cuenta y retirarse, mientras que los establecimientos enfrentan el peligro de perder productos de la cadena de frío si el corte se prolonga durante varias horas.
Incluso, relató que durante una reunión con restauranteros de Isla Mujeres conoció casos recientes de equipos dañados, entre ellos máquinas de hielo y computadoras, debido a las variaciones en el suministro eléctrico.
Ante ello, la Canirac ya busca un acercamiento con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para conocer qué alternativas existen y plantear la problemática del sector. La empresaria reconoció que los restaurantes deben contar con equipos de respaldo como no-breaks, pero consideró necesario buscar soluciones de fondo.
La afectación económica, estimó, puede representar entre 15 y 20% de las ventas, dependiendo del día, horario y duración del apagón. Un corte durante la tarde o al inicio de la noche puede golpear especialmente al sector, justo cuando comienza a incrementarse la afluencia de clientes.
A ello se suma la tradicional baja de septiembre y octubre. Flores Navarro estimó que el sector podría comenzar a registrar un repunte más importante hacia noviembre y proyectó cerrar el año alrededor de 70% de los niveles que regularmente maneja el sector, por debajo de sus indicadores habituales.
Pese al panorama, los restaurantes ya trabajan en la temporada de fin de año, con paquetes para posadas y reuniones familiares, mientras preparan promociones y actividades especiales para Día de Muertos y Halloween.
La presidenta de Canirac también adelantó que el sector buscará ampliar al menos una hora el horario de cierre para los restaurantes ubicados fuera de la zona hotelera, pues actualmente continúan operando con el límite vigente de las 3:00 de la mañana. Explicó que un restaurante requiere entre 40 y 50 minutos adicionales para concluir realmente sus operaciones después de dejar de recibir clientes.
Finalmente, Flores Navarro señaló que muchos empresarios han tenido que invertir recursos propios para mantener sus negocios a flote y confió en que el cierre de eventos y reservaciones para diciembre permita recuperar parte del terreno perdido durante un año que, reconoció, ha dejado a muchos establecimientos sin utilidades.
