David Faitelson una voz que le dio color a la crónica deportiva

por Redaccion
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David Faitelson pertenece al grupo de periodistas deportivos a los que el público mexicano ha visto hacerse adultos en pantalla. A lado de Enrique Garay, Antonio Rosique o Enrique Burak, por mencionar algunos, fue un reportero que a finales de los años ochenta, con cara aún de niño, se abrió camino en el medio. Actualmente es una de las voces más conocidas en el periodismo deportivo mexicano, creador de un estilo particular para las notas de color y con una propensión a la polémica que parece natural e inevitable en él.

Acaso por eso formó durante muchos años una mancuerna perfecta con otro comentarista controversial del periodismo deportivo mexicano, su mentor, José Ramón Fernández. Aunque ha construido su nombre en la televisión, David considera que su fuerte es el periodismo escrito, que ejerce ininterrumpidamente desde hace más de treinta años, trabajando en periódicos como La Afición, el Heraldo de México, Excélsior y, hasta hace poco, en las plataformas digitales de ESPN. Comenzó en el medio con el anhelo de narrar juegos de beisbol. Y aunque no encontró la oportunidad de iniciar de inmediato como narrador, tomó la oportunidad de comenzar escribiendo.

«Tan simple como que un día de 1985 me presenté en las oficinas de La Afición, en la Colonia Tabacalera, y fui a pedir una oportunidad. Yo quería ser un cronista de beisbol, esa era mi ilusión. Me dijeron que en beisbol tenían ya demasiada gente, pero que había espacio para futbol porque se estaban preparando para el Mundial de 1986. Jorge El Che Ventura estaba a cargo de la redacción en La Afición y me dijo: “si quieres hay una oportunidad en futbol”. Mi respuesta fue: “Sí, con mucho gusto, la tomo”»….

Así que su primera encomienda fue llevar una entrevista del entrenamiento de la Selección Mexicana de ese entonces. En aquella ocasión, recuerda, las grandes figuras del futbol nacional como Tomás Boy, Hugo Sánchez y Fernando Quirarte pasaron de largo frente al joven aprendiz de periodista con su libreta, que no se dio por vencido y se percató de un jugador que se mantenía en el campo disparando algunos tiros de práctica.

Faitelson supo que ésa era su oportunidad. «Era un hombre llamado Javier Hernández, El Chícharo papá. A él le expliqué que estaba muy nervioso, que iba a hacer una prueba, que era mi primera entrevista. Accedió con mucho gusto a la conversación; llevé la entrevista y la publicaron al día siguiente».

David llegó a la televisión en 1989. Al igual que André Marín, a David lo invitó a trabajar a Canal 13 Francisco Javier González, a quien conoció en el Heraldo de México. En sus inicios en televisión, además de escribir, José Ramón Fernández le encomendó narrar las jugadas de los resúmenes de los partidos de beisbol de las grandes ligas, su sueño se cumplía.

Recuerda que era un narrador entusiasta, que se emocionaba frente al micrófono, que buscaba imprimir un ritmo frenético. «Y luego llegaban llamadas al canal, se preguntaban por qué no podían conocer al chico de la voz que daba el beisbol. Y a partir de ahí ocurrió la oportunidad de presentarme frente a la cámara».

Desde sus inicios, Faitelson ha tenido ejemplos de cronistas a seguir, sin embargo, no duda en destacar a José Ramón Fernández, no sólo como su más grande inspiración sino como un formador, de quien aprendió gran parte de lo que sabe, aún cuando no era el personaje más popular en casa de sus padres.

«En mi casa se le iba al América y José Ramón era el antiamericanismo, lo sigue siendo. Yo ponía DeporTV, aquel programa que hacía José Ramón con largas patillas y las corbatas de nudo grande, y me decía mi papá: “quita a esos amargados que nada más se la pasan criticando al América”. Y bueno, así es el destino “escupe para arriba que te va a caer encima”. Algunos años más tarde estaba trabajando al lado de José Ramón, que al final se convirtió en mi maestro, le aprendí muchísimo, le sigo aprendido todos los días, tengo la fortuna de tenerlo todavía, de que esté muy bien física y mentalmente, nunca se le deja de aprender».

En cuanto a su aprendizaje dentro del medio, Faitelson admite que tuvo la oportunidad de tener cerca a grandes maestros como Pepe Alameda, René Chambón, Víctor Cota y El Che Ventura, de quienes intentó aprovechar siempre al máximo lo que le brindaban.

No tardó en encontrar una veta que lo caracterizó dentro de los medios: las notas de color en las que retrataba el entorno del deporte, el ambiente en los estadios, los momentos previos en los vestidores, los regaños de los entrenadores a nivel de cancha, los goles vistos desde la tribuna o la banca, las expresiones de los aficionados, el clima, la comida, los atuendos. Todo narrado con un tono épico, casi melodramático. Faitelson encontró en estos reportajes el vehículo perfecto para hacer llegar a sus espectadores el sentimiento, la pasión con la que vive el deporte, de una manera que resultó cercana para el público y que derivó en un estilo que ha sido imitado y permanece vigente.

«Buscaba transmitir algo, comunicar algo, describir algo, contarles una historia. Enaltecer lo que veo en el evento, en el partido de futbol y lo principal: para mí la vida es siempre pasión y el deporte no lo puedo entender sin pasión. El futbol es pasión y los reportajes tenían mucha pasión. Cuando no había pasión eran terribles, costaba mucho trabajo hacer un reportaje de color.»

El color era una historia, una historia alrededor del partido de futbol que intentaba entregar algo periodísticamente hablando, intentaba retratar todo lo que conforma al balonpié. Porque este deporte no se conforma sólo del futbolista, también está el directivo, el árbitro, también está el aficionado. Siempre va estar el aficionado, sin aficionado no hay futbol, el aficionado es el que enciende la televisión y compra los productos que ahí se anuncian, el que compra la camiseta, el que compra el boleto, el que viaja al Mundial. Nadie se ha detenido a ver al aficionado, no les importa mucho, es un cliente, es un consumidor y lo utilizan, pero son ellos los que realmente sufren, porque el partido termina y el jugador se va, se enfría, se baña y se va, punto. El aficionado se queda con algún tipo de lágrima, se queda con algún tipo de herida. El color intentaba plasmar eso, sobre todo plasmar el sentimiento que genera el futbol».

En 2007, Faitelson deja Televisión Azteca. Su salida se dio poco tiempo después de que José Ramón Fernández dejara la empresa. Antes de que Faitelson tomara esa decisión se especuló en la prensa acerca de si él tomaría el lugar que quedaba vacante con la salida de Fernández, pero en más de una ocasión ha declarado que jamás podría tomar el lugar de José Ramón, a quien considera la figura más importante en la historia del periodismo deportivo mexicano.

Desde ese año trabajó en ESPN viviendo en Estados Unidos, desde donde hacía el programa Cronómetro, en un pequeño estudio que la empresa habilitó en su casa. Ahí realizaba los enlaces para co-conducir el programa en vivo de lunes a viernes, con José Ramón Fernández desde los estudios en México. Viajaba una vez a la semana a la Ciudad de México para participar en Futbol Picante. También participaba en las distintas coberturas que cubria la empresa para México y el público latino que radica en Estados Unidos, como la Champions League o la Copa del Mundo.

A lo largo de más de tres décadas, con el micrófono en las manos, la gama de eventos deportivos que ha podido presenciar y llevar a la audiencia es algo más que abundante y se acumula desde 1986. No obstante, dentro de todos ellos hay uno que guarda para la posteridad: «Barcelona 1992 fue inolvidable, fueron mis primeros Juegos Olímpicos en televisión, era otro mundo. Había cubierto por prensa escrita y así fue como me fascinó ese mundo, de pronto entrar a una sala gigantesca, un galerón y ver 500 periodistas redactando al mismo tiempo en diferentes idiomas, televisiones por todas partes, deportes a todas horas. “Pero los del 92 fueron Juegos Olímpicos especiales, la inauguración fue preciosa con los tres tenores; estaba Samaranch, presidente del Comité Olímpico Internacional, quien había logrado que no hubiese boicots, que se acabaran; estaban ahí los principales mandatarios del mundo, incluyendo el nuestro. Salinas de Gortari muy fresco, quería presentar al nuevo México y había gastado muchísimo dinero para tratar de hacer una delegación fuerte y poderosa y al final todo le salió mal porque esto no se hace así de fácil”.

En una emisión del programa En Caliente de 1992, previa a esas Olimpiadas de Barcelona, en el estudio estuvieron algunos de los integrantes del equipo de especialistas de Imevisión que cubriría el evento. Ahí se observa a un novato David Faitelson, a quien presentaban a lado de Enrique Garay como los nuevos talentos que cubrirían su primera justa olímpica por televisión, fueron recibidos entre comentarios jocosos de los comentaristas más experimentados, como Pepe Espinoza, Constancio Córdoba o Nelson Vargas. Soportando con una sonrisa las bromas que le jugaban Andrés Bustamante y Víctor Trujillo, presentes también en la emisión conducida por José Ramón, David Faitelson no se imaginaba que estaba a punto de presenciar las hazañas deportivas descritas antes, ni que el periodista consagrado que es hoy atesoraría ese momento de su carrera como el más importante.

Faitelson ha ejercido un periodismo deportivo apasionado, crítico y frontal que lo ha convertido en un personaje polémico. Su espíritu combativo le ha acarreado no pocas diferencias con diversos personajes del medio deportivo; ha recibido golpes y ofensas de jugadores, colegas y directivos; además, ha sido vetado por autoridades deportivas. A pesar de esas dificultades o quizá a partir de ellas, se ha construido un nombre en el periodismo deportivo, destaca como un comentarista polémico, pero también creativo y a veces literario.

Así como él lo hizo en 1985, cuando se decidió a entrar a las oficinas de Jorge Ventura, Faitelson invita a quien aspira a destacar en cualquier medio a que se entregue, con total compromiso y determinación para alcanzar el objetivo que se pongan: «Háganlo lo mejor que puedan, entréguense. No importa si está bien o mal, hay que entregarse, porque al final encontrarán los resultados».

Como bien dice David Faitelson, las personas que trascienden en el quehacer de la crónica deportiva son las que dejan algo diferente, un estilo, aquellas que le aportan algo distinto a la profesión que practican. Así ha sido su carrera, un constante ir y venir entre letras, palabras y narraciones que busca constantemente detonar emociones en quienes viven el deporte con gran fervor.

«Para mí lo más importante es transmitir con pasión y entender que lo que yo hago a mí realmente me atrapa. Lo puedo hacer bien o mal, pero es algo que me llena, me cautiva, y estoy seguro que trato de llenar y cautivar al que enciende la televisión, la radio o lee mi artículo en el periódico. Para mí la crónica deportiva es un momento de pasión y nosotros somos los que ayudamos a comunicar a la gente un entretenimiento. La crónica deportiva es una maravillosa oportunidad de ser el puente de esa pasión con la gente, nosotros no transmitimos información, no transmitimos estadísticas, no transmitimos hazañas, transmitimos pasión. Quien no lo entienda así no sabe de que se trata la crónica deportiva».

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