- La capacidad de respuesta para localizar personas ha mejorado, pero buena parte de las desapariciones tiene su origen en conflictos que comienzan dentro del propio entorno familiar
Rafael Pascual
El hogar, que debería ser el principal espacio de protección, se ha convertido en el punto de partida de ocho de cada 10 reportes de personas desaparecidas y no localizadas en Benito Juárez, de acuerdo con las estadísticas del Agrupamiento Especial en Búsqueda de Personas Desaparecidas y No Localizadas.

Entre agosto de 2023 y julio de 2026, la unidad municipal recibió 2 mil 864 reportes y logró localizar a 2 mil 418 personas, equivalente a una efectividad de 84.42 por ciento en las labores de búsqueda.
El secretario general del Ayuntamiento, Pablo Gutiérrez Fernández, explicó que uno de los principales cambios en la estrategia fue eliminar la espera de hasta 72 horas para comenzar la búsqueda. Ahora, los equipos especializados se movilizan desde el momento en que se recibe el reporte, una medida que ha permitido elevar las posibilidades de localización durante las primeras horas, consideradas determinantes en estos casos.
La respuesta se articula con la Fiscalía General del Estado, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Quintana Roo, el C5 y el servicio de emergencias 911, instituciones que comparten información y coordinan los operativos de búsqueda.
Del total de personas localizadas, mil 121 eran menores de edad, 921 hombres y 376 mujeres. El resto de los casos está relacionado principalmente con personas que enfrentaban problemas de salud mental, adicciones o que fueron puestas a disposición de alguna autoridad sin que sus familiares fueran informados oportunamente.
Sin embargo, encontrar a una persona no significa cerrar el caso. Tras cada localización se activa una red de atención integrada por el Sistema DIF Benito Juárez, el Instituto Municipal de la Mujer y la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños, Adolescentes y la Familia, que proporcionan apoyo psicológico, orientación y acompañamiento social tanto a las personas localizadas como a sus familias.
Las cifras dejan así una doble lectura: la capacidad de respuesta para localizar personas ha mejorado, pero también revelan que buena parte de las desapariciones tiene su origen en conflictos que comienzan dentro del propio entorno familiar.
