- Cancún registra una ocupación hotelera de 52.2 por ciento, con 41 mil 193 visitantes en 35 mil 870 habitaciones, una afluencia que repercute directamente en restaurantes, tiendas y servicios que dependen del consumo de visitantes
Rafael Pascual
Cortinas abajo, locales disponibles y pasillos con menor movimiento comienzan a convertirse en una postal cada vez más visible en algunas plazas comerciales de Cancún, donde comerciantes enfrentan una combinación de baja temporada turística, rentas elevadas y consumidores que cada vez recurren más a las compras por internet.

El menor dinamismo comercial se observa en establecimientos de plazas como Lagunas, Mayafair, Caracol, Flamingos y Urban Center, donde algunos locales permanecen cerrados o con poca actividad. El fenómeno no es generalizado, pero sí refleja las dificultades que enfrentan determinados negocios para mantener operaciones durante los periodos de menor demanda.
A este escenario se suma el comportamiento del turismo. Actualmente Cancún registra una ocupación hotelera de 52.2 por ciento, con 41 mil 193 visitantes en 35 mil 870 habitaciones, una menor afluencia que repercute directamente en restaurantes, tiendas y servicios que dependen del consumo de visitantes.

Trabajadores de restaurantes de Plaza La Isla señalaron que sus ventas actualmente rondan apenas 40 por ciento de su actividad habitual, situación que refleja cómo la reducción del flujo de consumidores alcanza incluso a corredores comerciales de alta afluencia.
El problema también tiene una dimensión financiera. Comerciantes consultados han señalado que las rentas de algunos espacios comerciales pueden alcanzar montos difíciles de sostener cuando las ventas disminuyen, a lo que se agregan gastos de nómina, servicios, mantenimiento e impuestos.
La expansión del comercio electrónico representa otro desafío para los negocios físicos. La posibilidad de comparar precios y adquirir productos desde un teléfono ha modificado los hábitos de consumo y obligado a los establecimientos tradicionales a competir no sólo por atraer clientes, sino por ofrecer experiencias, promociones y precios capaces de mantenerlos dentro de las plazas.
El escenario plantea un reto para el comercio de Cancún: resistir la temporada baja, contener costos y adaptarse a un consumidor que ya no depende exclusivamente de las tiendas físicas para comprar.
